“Innovación: como cabras”

Artículo de opinión de Chema San Segundo.

Abogado, escritor y sobre todo TRANX>misor, creador de conceptos, think maker, chatarrero del conocimiento y enamorado de la capacidad de creación humana. Inspira a todo el que pasa por delante y se deja cariñosamente.

Entre otros, NESTLÉ, IBM, DEUTSCHE BANK, ESADE, OGILVY & BASSAT, COLOMER GROUP, BACARDI, UAB, EL PAÍS-SANTILLANA, IUP, UEX, TMB, MEMORA, VODAFONE, MRW, ALCAMPO, MUTUA GENERAL, INDRA, PHILIP MORRIS, CSIC…

Me gusta sentarme a leer. Cuando digo leer me refiero a posar la mirada algo más de un segundo fugaz a las noticias en el móvil. Me refiero a disfrutar un ratito, con calma, de las palabras que otro ha ido colocando una tras otra. De verdad, es muy bonito disfrutar del pensamiento de otro, de las ideas de otro. En mis últimas lecturas aparece con insistencia la llamada “innovación disruptiva” y se señala a la misma como un sello de identidad de las nuevas empresas que están cambiando el panorama social y económico en esta sociedad global.

Soy muy amigo de las palabras. De hecho, considero que cada palabra tiene una fuerza tal que penetra en nuestro cerebro y en nuestro interior y obliga a nuestro sistema intelectual y emocional a dar una respuesta. Una palabra es un dardo que se clava en un lugar preciso y precioso. Por eso soy muy amigo de todas ellas y me gusta cómo se articulan a nuestro alrededor. Amo la palabra “disruptivo/a”. La amo porque ha venido a rellenar un hueco que no podíamos abarcar con nuestra forma de expresarnos anteriormente. Amig@s que leéis estas reflexiones… fijaros qué rudos éramos anteriormente cuando no teníamos a mano una palabra tan hermosa y un concepto tan acicalado. En España, cuando alguien se atrevía a lanzar una idea fuera de la caja, fuera de los márgenes (estrechos) que la empresa tenía cultural y económicamente se utilizaba una expresión con tintes muy negativos acompañada de un gesto elocuente. En efecto, mientras tocábamos con un dedo la sien decíamos en voz alta: Éste está como una cabra. A pesar de haber impartido miles de conferencias, seminarios y workshop’s puedo asegurar que nunca he tenido una cabra entre los participantes. Si ha acudido alguna ha sido bien disfrazada con su chaqueta y todo. Ignoro el motivo de que a las cabras se les atribuya esta capacidad locuela y… disruptiva.

Aquí viene lo bueno de esta reflexión, amig@s: Lo que en un momento dado se considera un rasgo negativo pasa a ser positivo en el momento siguiente. Y todo depende de una palabra. En efecto. La existencia de un concepto protector que ampare una determinada forma de hacer las cosas permite que una forma de comportamiento oscile desde la broma hasta la seriedad absoluta o desde la infantilada a la creación estratégica. Cuando existe un concepto benigno que ampara una determinada forma de actuar todo se comprende, se entiende, se acepta y se apoya. Cuando el concepto de base es negativo, todo se malinterpreta y se pierde. ¿Cómo íbamos a aprovechar en España el talento profundamente innovador de nuestros profesionales, emprendedores y directivos si, como única clasificación disponible, teníamos el dedo en la sien y la cabra en la boca? ¿Quién en su sano juicio se iba a atrever a exponer en voz alta algún hallazgo, ocurrencia o sugerencia si le iban a dedicar tales cumplidos tan halagadores y tan motivadores? El mundo está cambiando. Lo decimos todos los días como una especie de estribillo musical. Y no nos damos cuenta que ese cambio se urde a base de cambios inapreciables en la estructura conceptual que organiza nuestro cerebro y nuestra vida. Un paraguas de tal alcance como la palabra “disruptiva” acoge en su seno la capacidad de alterar profundamente un concepto, el atrevimiento de fallar y equivocarse, la habilidad de ser ágil y probar una y otra vez de forma rápida e intuitiva. En suma, un conjunto de ingredientes que suponen un cóctel vital para competir y jugar en el tablero en estos tiempos. ¡Ya podemos ser cabras! Se ha disparado el pistoletazo de salida. Lo que antes se miraba mal ahora se admira. Lo que antes se apartaba, ahora se busca, se valora y se reclama. ¡Qué tiempos! Ni en mis mejores sueños pude imaginar que viviríamos una etapa tan gloriosa para las ideas, el atrevimiento, la ideación y la imaginación.

Hoy estar como una cabra… es estar en la CIMA DE LA MONTAÑA!

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