Durante estas últimas semanas, miles de usuarios han vuelto a comprobar una realidad incómoda. Un fallo en un centro de control puede ser suficiente para detener un servicio esencial. Lo ocurrido con Rodalies, donde el caos de este lunes se atribuyó a un problema de software, refuerza una idea clave: la línea que separa una “incidencia técnica” de una “amenaza digital” es cada vez más fina.
La digitalización ha hecho que la energía, el transporte, la sanidad, el agua o las telecomunicaciones funcionen con más eficiencia. Pero también propone un reto nuevo: proteger lo imprescindible en un entorno donde un incidente puede propagarse en minutos.
Según los datos más recientes publicados por el Ministerio del Interior, el número de ciberdelitos registrados hasta el tercer trimestre de 2025 en España, ascienden hasta los 374.259, aumentando un 8% respecto al año anterior. En paralelo, la presión sobre los servicios esenciales es evidente: el mismo informe recoge 160 ciberincidentes en operadores críticos, un 97,5% más que el año anterior.
En este escenario, la prioridad de las organizaciones que prestan servicios esenciales no es solo evitar incidentes, sino mantener la operación incluso cuando ocurre algo inesperado.
“Cuando hablamos de infraestructuras críticas, hablamos de la vida diaria. La ciberseguridad no es solo tecnología: es garantizar que los servicios esenciales sigan funcionando para el ciudadano”, señala Alfredo Estirado, CEO de TRC.
¿Por qué se acelera el riesgo?
La modernización tecnológica está llegando a capas cada vez más sensibles —sistemas industriales, redes de operación (OT), centros de control, sensores, comunicaciones y cadenas de suministro digitales—, lo que amplía la superficie de exposición y multiplica los puntos de entrada. Por eso, hoy un incidente puede empezar en un correo, en un proveedor o en una actualización y terminar afectando a la continuidad de un servicio esencial.
Cuando se produce una caída o un incidente en una infraestructura crítica, el daño no se mide únicamente en euros. Se mide en tiempo perdido, en ciudadanos sin servicio, en decisiones urgentes y, sobre todo, en confianza y seguridad.
Qué significa “proteger” una infraestructura crítica
En TRC trabajamos con un enfoque sencillo: prevenir, detectar, responder y recuperar. Traducido a decisiones concretas, implica:
- Anticipación
Saber qué está pasando, como actúan las amenazas, qué campañas de adversarios se están produciendo y cómo pueden afectarte, permite priorizar tus esfuerzos.
- Visibilidad y control
Saber qué está conectado, qué está cambiando y qué comportamientos son anómalos. Sin visibilidad no hay detección y sin detección, no hay respuesta rápida.
- Accesos y privilegios mínimos
Reducir el riesgo de que una credencial comprometida se convierta en una puerta abierta a la operación.
- Segmentación IT/OT y protección del entorno industrial
Separar y controlar los caminos y rutas de ataque entre los sistemas corporativos y también en los sistemas de operación, para poder aislarlos y evitar que un incidente salte de un entorno a otro, minimizando el impacto.
- Resiliencia y recuperación probada
Definir los tiempos máximos de indisponibilidad, el modo y frecuencia de las copias de seguridad y disponer de planes de actuación y recuperación, sirven solo si están probados. Ensayar es parte de la protección.
- Cadena de suministro
Identificar proveedores críticos, examinar sus vulnerabilidades, dependencias tecnológicas y puntos únicos de fallo. La seguridad ya no termina dentro de la organización, puede venir de fuera.
- Preparación operativa y comunicación de crisis
Quién decide, con qué información y cómo se coordina la respuesta. La gestión del incidente no es solo técnica, también es organizativa y requiere la implicación de la organización y su directiva.
Lo ocurrido estos días vuelve a poner el foco donde debe estar: las infraestructuras críticas son el corazón de la vida cotidiana y, precisamente por eso, son un objetivo cada vez más atractivo.
Lo esencial —lo que sostiene la rutina de millones de personas— ya es, también, digital; por eso, la pregunta ya no es si habrá más incidentes, sino cuánto tardaremos en detectarlos y cuánto tardaremos en recuperar el servicio.
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