Preparar una presentación, resumir documentación, analizar una base de datos, elaborar un primer borrador o investigar un mercado. Durante décadas, estas tareas han servido para que los profesionales más jóvenes aprendieran su oficio desde abajo. Hoy, muchas de ellas también pueden ser realizadas por la inteligencia artificial.
La cuestión empieza a ir más allá del debate sobre cuántos puestos de trabajo desaparecerán. El interrogante es otro: si automatizamos las tareas con las que tradicionalmente aprendían los perfiles junior, ¿cómo adquirirán la experiencia necesaria para convertirse en los profesionales sénior del futuro?
El World Economic Forum puso el foco precisamente en este problema en junio de 2026. Su informe Artificial Intelligence and the Future of Entry-Level Work advierte de que más de uno de cada tres trabajadores jóvenes se encuentra en ocupaciones con una exposición media o alta a cambios de tareas provocados por la inteligencia artificial. La organización señala que la transformación de los puestos de entrada puede tener consecuencias no solo sobre el acceso de los jóvenes al empleo, sino también sobre su desarrollo profesional y sobre la futura cantera de talento de las propias compañías.
El puesto junior no desaparece necesariamente: se está “seniorizando”
Los datos más recientes apuntan a un fenómeno más complejo que una simple destrucción de empleo. El Global AI Jobs Barometer 2026 de PwC, basado en el análisis de más de mil millones de ofertas de empleo en seis continentes, identifica una transformación de las competencias demandadas. En un análisis específico de puestos de entrada, PwC señala que los empleos junior más expuestos a la inteligencia artificial tienen siete veces más probabilidades que los menos expuestos de exigir competencias tradicionalmente asociadas a profesionales sénior, como el juicio, el liderazgo, la creatividad o el pensamiento estratégico.
El análisis detecta, por tanto, un desplazamiento de las expectativas: la inteligencia artificial puede encargarse de parte de las tareas más básicas, mientras el valor del profesional recién incorporado empieza a concentrarse en aquellas capacidades que antes se desarrollaban después de varios años de experiencia. El primer escalón de la carrera profesional no necesariamente desaparece, pero puede estar haciéndose más alto.
“La experiencia profesional no se adquiere únicamente acumulando conocimientos. Se construye resolviendo problemas, cometiendo errores y recibiendo feedback. Si la inteligencia artificial asume progresivamente algunas de las tareas más sencillas, tendremos que preguntarnos cómo adquirirán experiencia y desarrollarán su propio criterio quienes están empezando su carrera profesional”, explica Ronald Clarke, profesor de Recursos Humanos de TBS Education – Barcelona.
La paradoja del primer empleo
Esta transformación tiene consecuencias directas para quienes buscan su primer empleo. Si una herramienta permite producir desde el primer día análisis, textos o presentaciones que antes requerían horas de trabajo, las empresas pueden empezar a exigir resultados más avanzados a profesionales que todavía están aprendiendo.
PwC detecta además que las tareas que se están incorporando a las profesiones más expuestas a la IA tienen 2,5 veces más probabilidades de requerir habilidades humanas como el juicio, la creatividad o la empatía que las que aparecen en empleos menos expuestos. El desafío ya no consiste únicamente en enseñar a los jóvenes a utilizar la IA, sino en garantizar que desarrollen las capacidades necesarias para interpretar sus resultados, cuestionarlos y tomar decisiones fundamentadas.
De aprender haciendo a aprender decidiendo
Para universidades y escuelas de negocios, esta transformación obliga también a revisar cómo se prepara a los estudiantes para incorporarse al mercado laboral.
Aunque la inteligencia artificial puede ejecutar muchas tareas estandarizadas en segundos, aprender a realizarlas sigue teniendo valor formativo. La clave está en combinar una sólida formación en los fundamentos profesionales con la capacidad de detectar errores, interpretar información ambigua y tomar decisiones fundamentadas.
“El verdadero reto educativo no es solo enseñar a los estudiantes a utilizar la inteligencia artificial, sino a evaluar críticamente sus respuestas y decidir qué hacer con ellas. No podemos exigir pensamiento sénior sin ofrecer oportunidades de aprendizaje desde el primer día”, añade Clarke.
El reto también está dentro de las empresas
La transformación no afecta únicamente a las universidades o a los recién graduados. Las empresas también deberán replantearse cómo forman y desarrollan a sus futuros profesionales.
“Una empresa puede ganar productividad a corto plazo automatizando el trabajo junior y, al mismo tiempo, perder capacidad para desarrollar a sus futuros profesionales sénior. Confundir productividad con aprendizaje puede convertirse en uno de los grandes errores de la gestión del talento en la era de la inteligencia artificial”, advierte Clarke.
El World Economic Forum señala que la expansión de la inteligencia artificial obligará a revisar el diseño de los puestos de entrada, los itinerarios de desarrollo profesional y la colaboración entre empresas y sistema educativo.
La respuesta no consiste en conservar artificialmente tareas rutinarias que la tecnología puede realizar mejor, sino en rediseñar las oportunidades de aprendizaje. Participar progresivamente en decisiones reales, recibir orientación de profesionales experimentados y aprender de los errores será fundamental para desarrollar el criterio profesional que las empresas demandan.
La IA puede hacer más productivo al trabajador junior. El reto será evitar que, al hacerlo, elimine precisamente las experiencias que le permiten dejar de ser junior.