Coincidiendo con el Mundial de Fútbol 2026, el empresario y experto en liderazgo Javier Muñoz Jiménez analiza cómo el miedo al error continúa frenando la innovación, el liderazgo y la capacidad de asumir responsabilidades en muchas empresas.
Javier plantea esta reflexión a través de “Seleno, el perro cósmico y Ali, la gata escafandra contra el miedo al fracaso”, una historia que utiliza el fútbol para abordar uno de los grandes desafíos emocionales de nuestro tiempo: la relación que mantenemos con el error.
Empresario, conferenciante y autor especializado en liderazgo, gestión de conflictos y soft skills, Muñoz Jiménez lleva años trabajando con organizaciones y equipos donde el miedo a equivocarse sigue siendo uno de los principales frenos para la innovación, el crecimiento y la toma de decisiones. “Llevamos años intentando enseñar resiliencia, liderazgo o gestión emocional dentro de las empresas”, explica. “Pero quizá llegamos tarde. Tal vez deberíamos empezar cuando los niños juegan su primer partido o se enfrentan a su primer fracaso.”
La historia sigue al equipo de “El España”, un grupo de jóvenes que disputa un Mundial y que comienza a paralizarse emocionalmente ante la posibilidad de perder. Una situación que, según el autor, guarda sorprendentes paralelismos con dinámicas que hoy aparecen dentro de muchas organizaciones.
Según Muñoz Jiménez, detrás de muchos problemas habituales en las empresas actuales se esconde una misma raíz emocional: no haber aprendido a convivir con el error. Profesionales que evitan asumir responsabilidades, líderes excesivamente perfeccionistas, empleados que viven cualquier crítica como una amenaza o equipos que tienen miedo a innovar.
Tras el éxito de “Seleno y Ali contra el miedo a la oscuridad”, el autor recupera a estos dos superhéroes emocionales dentro del universo “Cuentos para superhéroes”, una colección que busca ayudar a niños y familias a comprender emociones que más tarde también condicionarán la vida adulta. La reflexión es sencilla, pero poderosa: quizá muchas de las competencias emocionales que hoy intentamos entrenar en las empresas deberían empezar a trabajarse mucho antes.
Porque el problema no es fracasar. El problema es crecer creyendo que fracasar nos hace menos valiosos. Y esa idea puede acompañarnos durante toda la vida.
