EQUIPOS MOTIVADOS, EQUIPOS PODEROSOS.

Artículo de Rosa Cañamero, socia de la empresa EXECOACH.

La semana pasada, el director de una empresa del sector eléctrico me comentaba que había tomado la determinación de hacer las reuniones con su equipo de pie. Angustiado, me confesaba que se había visto obligado a tomar esta medida porque se sentía incapaz de conseguir liderar reuniones que resultasen eficaces. Las reuniones se prolongaban indefinidamente, me contaba, y al final, tenía la sensación de no haber logrado los objetivos que yo quería, de manera que me he visto empujado a tomar esta medida.

Y es que todos sabemos, por propia experiencia, la cantidad de tiempo que se pierde cuando un grupo de personas se reúne en torno a una mesa de trabajo. Tan preocupante es el tema para las organizaciones que ya existen estudios sobre las razones que hacen que se pierda tanto tiempo en las reuniones de trabajo. Una de las fórmulas matemáticas más conocidas en este ámbito es la que relaciona el rendimiento de una reunión con el número de participantes (n), su inteligencia y motivación.

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De esos tres factores –la inteligencia, la motivación y el número de participantes– sólo el último es el que, a priori, podemos manejar de manera más objetiva y fácil. Sin embargo, y sin llegar a los extremos ¿es este el factor más adecuado?

Comprobado está que los equipos pasivos en las reuniones también lo son fuera de ellas y que, por el contrario, los equipos dinámicos y motivados consiguen también estarlo fuera de ellas. Por eso, si además del propio rendimiento de la reunión lo que buscamos es conseguir un beneficio más allá, influir en el factor motivación de los asistentes, parece ser la apuesta más inteligente y acertada.

Pero ¿cómo podemos hacer que las personas de nuestros equipos de trabajo estén motivadas?

Alain Cardon, en su libro Coaching de Equipos, nos da una pista a través del modelo de las reuniones delegadas.  En ellas Cardon destaca cómo el líder puede aplicar un proceso de delegación real en las reuniones de trabajo. De esta forma, los miembros del equipo asumen realmente sus responsabilidades, sus acciones y sus resultados, tanto dentro como fuera de las reuniones, en lugar de apoyarse continuamente en su líder. Esto se traduce en equipos con mayor rendimiento. Por lo tanto, el beneficio de este tipo de modelos va más allá de la propia reunión; ya que ésta es virtualmente un «microcosmos» de la realidad más amplia del grupo de trabajo.

Según este modelo, el líder está ejerciendo un constante reconocimiento hacia su equipo, al confiar en ellos para delegar funciones que hasta ahora eran exclusivamente suyas y al generar espacios  en los que se sientan libres para expresar sus opiniones de m anera sincera y directa, además de sentir que sus ideas son aceptadas y valoradas.

Hasta aquí todo parece indicar que este es el camino para conseguir aumentar la motivación del equipo y con ello el rendimiento de las reuniones, pero, ¿es suficiente esta práctica o se necesita algo más para mantener a los miembros de un equipo motivados?

Hasta hace poco, el reconocimiento del líder hacia su equipo se consideraba, el factor principal para conseguir la motivación adecuada de sus miembros. Sin embargo, cada vez se demuestra más que esto no es suficiente para lograr que un equipo esté realmente motivado.

En el proceso de motivación, el reconocimiento y apoyo vertical de jefes a subordinados es muy importante; pero existe otro factor adicional que, cada vez más, se está tenido en cuenta. Las personas que trabajan en equipo necesitan que se les apoye no sólo desde arriba, sino también horizontalmente: cada vez es más importante contar con el reconocimiento de los compañeros.

Para favorecer este clima de confianza, los miembros de un equipo deben sentirse escuchados y reconocidos de manera frecuente y objetiva no sólo por su líder sino también por sus propios compañeros.

De mi experiencia en procesos de coaching de equipo, observo que, cuando en un equipo o departamento se consigue integrar el hábito de darse ánimos los unos a los otros, de reconocerse de igual a igual y de lograr el apoyo mutuo, los equipos son capaces de generar una verdadera atmósfera de confianza y cooperación para desplegar así todo su potencial.

Un equipo que alcanza el éxito es aquel que tiene claro que el éxito no se alcanza gracias solo a un líder poderoso, sino a un equipo con poder.  Y esto directamente se ve reflejado en el rendimiento de las reuniones.

Más información: execoach@execoach.es

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